El objetivo europeo para 2020 es reducir drásticamente la emisión de gases invernadero a la atmósfera. En esta estrategia para alcanzar la eficiencia energética, los edificios pasivos son una de las tendencias en auge.

Este tipo de edificios son muy eficiente en términos energéticos, ya que gracias a su diseño, su demanda es casi nula o muy baja, y sus necesidades energéticas están cubiertas por fuentes de energía renovable.

Sin embargo, en estos edificios es importante escoger el aislante y espesor adecuado para que paredes, suelos y techos se adapten a las necesidades de cada vivienda y así reducir el consumo. Mediante la combinación del diseño y los materiales se puede conseguir reducir la demanda energética derivada del uso de sistemas climatización o iluminación.

Para conseguir esta transformación, en las viviendas con gasto energético cero, el aislamiento juega un papel fundamental para conseguir un uso eficiente de la energía.

La clave está en la resistencia térmica de los materiales

La optimización de espesor de aislamiento y la resistencia térmica del material que estamos utilizando (valor R) es clave para el diseño de las viviendas eficientes. Si comparamos la conductividad térmica de los principales materiales nos encontramos con que los aislantes como el poliestireno expandido, poliestireno extruido, lanas minerales o los sistemas de poliuretano tienen mejor rendimiento que los elementos tradicionales individuales como ladrillos, maderas o bloques de hormigón.

Además, los valores R de aislamiento deben estar pensados en relación al clima en el que se ubica la vivienda ya que no es lo mismo un clima suave que un clima frío.  Por ejemplo: una vivienda cero ubicada en un clima frío requerirá un valor de aislamiento R-60, en cambio en un clima más cálido el valor de aislamiento podrá bajar hasta R-30.

Un buen aislamiento no solo nos permite controlar la temperatura sino que también consigue controlar la humedad relativa y las filtraciones de aire. Por todo ello, la elección del correcto aislamiento térmico de una envolvente permite mantener una óptima temperatura interior, garantizando el confort de los ocupantes, al mismo tiempo que se consigue una alta eficiencia energética.

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